domingo, marzo 02, 2008

En el jardín

Como todo lo bueno tiene que acabar, mi pequeño viaje finalizó, y me ha traído nuevamente a esta despreciada y aborrecida ciudad.

Debo aclarar que siempre he tratado de defender a esta ciudad, a veces a mí también me sobrepasa: su smog, la gente, la bulla, la suciedad, la pobreza, etc., sin embargo, considero que uno siempre debe conservar una perspectiva positiva del asunto, pues hay que tratar de hacer más cómodo y amble el lugar que te rodea.

Antes de mi viaje debo confesar que no lo pasé muy bien, lamentablemente en este verano las cosas no salieron muy bien hasta que terminé queriéndo irme, irme y refrescar mi mente, tranquilizar mis sentidos y descansar de todo lo que me hacía daño.

Me fui a mis veranos de infancia, me fui a la casa de mi abuela en la playa. Está todo distinto, ya no están los árboles de antaño, en aquellos donde vi pasar mis veranos soleados jugando con barro y bañándome en la orillita de la playa haciendo un hoyito para buscar pulguitas de mar, ya no está el pequeño bosque ni mis primitos corriedo con los mocos colgando y la cara sucia con tierra. Estábamos solas; mi abuela, yo y aquella casa que guarda tantos recuerdos formidables y ya lejanos.

En la foto, estoy yo en el jardín de mi abuela, es el lugar donde ella decidió poner un lindo jardín de flores, hierbas y árboles frutales, tal como dice ella: "como para sentirse en una quinta", y, como toda mujer de mi familia. llevada por sus afanes sacó todos los arbolotes donde yo me colgaba en la tardes de verano con mi prima para jugar a la tiendita.

Pero dicen que todos los cambios son buenos y así es; en el jardín de mi abuela pude hacer lo que más me gusta. Pasé mucho tiempo de estos días en el jardín limpiando, conversando con la abuela, recordando, regando, riéndome de algún recuerdo de infancia, leyendo, pensando, plantando, dejando que el viento me limpiara las ideas con la brisa del mar, nuevamente hundí mis pies en el barro y metí las manos en la tierra y, por supuesto, me la pasé comiendo duraznos y moras de los árboles frutales...

Sentada en el jardín un día pensé que tal como he disfrutado de este jardín y de ese lugar desde mis infantiles veranos, un día pensaré en Santiago como la ciudad que me acogió durante mucho tiempo, donde fui feliz e infeliz, donde crecí, amé y disfruté, desde donde vi pasar cada estación del año, donde conocí a tanta gente linda y donde vi pasar cada día de mi vida.

Por esto, me propongo dejar de despreciar a esta ciudad, quiero verla con nuevos colores y matices, quiero disfrutar de este lugar que es mi presente y es el que me acogerá todo lo que me falta para irme.

Pues sí, he vuelto y los cambios siempre son buenos, traigo nuevos aires, nuevas ideas, nuevos ánimos de reiniciar, de reintentar lo que he traído olvidado desde hace algún tiempo.

1 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Excelente conclusión, gracias por soplar brisa de mar...

Atte. Pan
y linda foto.

marzo 02, 2008 9:39 p. m.  

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