lunes, junio 30, 2008

Un alma sensible

Los que compartimos un alma sensible, perceptiva a lo sublime, sabemos leer un libro y gozar con cada palabra. Nos alegramos, nos entristecemos, nos introducimos, nos identificamos, quisieramos sacar citas y aprenderlas para no olvidarlas...

Y, es así, quienes esperamos un amor ideal y ya hemos batallado en guerras perdidas hasta las últimas esperanzas nos perdemos enla fina línea que separa la realidad de la ficción, pues parece que encontramos el romanticismo en los mundos posibles y está negado para el mundo real.

Entonces, es imposible no querer ser una Jacinta, la mujer virtuosa; no identificarnos con la pasión de una Fortunata; incluso, envidiar a la doña de los Pavos con su moral y rectitud únicas. Cómo no odiar a un Juanito Santa Cruz o no tenerle piedad a Maximiliano.

El que tiene un corazón que no conoce fin y una alma caprichosa inevitablemente prende su cuerpo con un bolero que alumbra los recuerdos más amargos o las ilusiones más tiernas... una Roja boca, un Entre el cielo y la tierra, una Medianoche o un Antes de amar de nuevo...

Para qué hablar de quienes compartimos este amor en los tiempos del cólera al son rítmico y tibio de un Marc Anthony u Oscar de León...

Para nosotros tomarse las manos con un movimiento dulce y delicado y un abrazo apretadito es el enlace de dos almas, no sabemos de fin, no sabemos olvidar.

1 Comentarios:

Blogger Resih Umar dijo...

Hola nuevamente, Fabiola.

A menudo me pregunto cuál es el origen o la razón de que esta o aquella persona encuentre un goce inmenso por manifestaciones a través de las cuales el alma humana reluce. Me pongo a pensar en que a menudo son personas que crecen en ambientes favorables. Pero me encontrado con personas que a pesar de las carencias, son muy sensibles a manifestaciones como la pintura, el teatro o la literatura.

Me he dado cuenta de que muchas de las personas que disfrutan de la lectura, son personas solitarias que encuentran en los libros esa emoción, ese vivir que al parecer la realidad con frecuencia niega.

Y sí, se vive en esa fina línea que separa la realidad de la ficción. Desgraciadamente, el encuentro con el mundo real es duro "allá afuera llueve y hace frío". Nos encontramos con una realidad que choca con nuestros anhelos. Es duro cuando notas que todo empieza a reducirse a términos mercantiles. La gente está más avocada a la supervivencia que al cultivo de sí mismas. Este tipo de cosas con frecuencia me angustian. Desearía huir de esto, desearía un lugar tranquilo para pasar los años que vengan. Quizá un lugar así como el que describes en tu anterior post; deseando la misma tranquilidad para las personas que se estiman y se quieren.

Nos quedará el recuerdo de los bellos momentos al lado de alguien. Y la esperanza por vivir aquello que nos tanto nos ilusiona seguirá ahí. Ojalá.

Saludos.

julio 07, 2008 6:36 p. m.  

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